Por Angel Simarro Pastor
Recuerdo un anuncio televisivo particularmente especial. Se trata de la publicidad elegida para el premio de navidad de la Lotería Nacional. El cortometraje seguía el formato propio de las producciones de animación con un mensaje muy claro: el mejor premio es compartirlo.
El anuncio muestra el día a día de Justino, un guardi de seguridad de una fábrica de maniquíes. Justino trabajo en el turno de noche, lo que le impide cruzarse físicamente con sus compañeros. Su único medio de comunicación con el resto de la plantilla es el intercambio que se produce a través de los mensajes colgados en el tablón de anuncios. Uno de estos mensajes tenía como objetivo la inscripción al sorteo de la Lotería de ese año por medio de la compra, por parte del equipo de la fábrica, de un número. Sin embargo, Justino no pudo inscribirse por no darse cuenta del proyecto, sus compañeros lo hicieron por él.
En 2015 España aún era víctima de las consecuencias producidas por la crisis económica iniciada algunos años antes. La situación social y política había necesitado una infinidad de esfuerzos y sacrificios que sólo se podían alcanzar si pensábamos en los otros. Este es el espíritu que reina en el anuncio, no olvidar que hay que pensar en los otros.
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